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Wednesday, June 24, 2009

El caso de Teresa Márquez and Roberto Salazar

Teresa Márquez y Roberto Salazar fueron separados de sus dos hijos de tres y cinco años, respectivamente, después de abandonar Cuba sin el permiso requerido y el gobierno de la isla se negó a dejar que reunieran con ellos.

Salazar, que es músico, se fue de la isla en 1998 porque tenía un contrato para tocar en México. Una vez en ese país, decidió quedarse. Dos años después, en 2000, Márquez obtuvo permiso para viajar como turista y visitarlo y también decidió quedarse.

La pareja inmediatamente trató de obtener el permiso de salida para sus dos hijos, que entonces tenían ocho y diez años y permanecían bajo la custodia de los padres de ella. En 2000, Salazar viajó a Cuba y junto a su suegra, se dirigió a las oficinas de inmigración de su ciudad natal. Los oficiales de dicha oficina le llamadon desertor y además pusieron un cuño en su pasaporte aclarando que él había estado fuera del país sin permiso y se negaron a darle el permiso para que se llevara a los niños con él.

Dos años después, en septiembre de 2002, Márquez viajó a la isla a ver si tenía mejor suerte, pero ella también terminó regresando a México sin sus hijos. Seis meses más tarde, en marzo de 2003, las autoridades cubanas le dijeron a la madre de ella que los niños podían abandonar el país. Teresa regresó a Cuba ese mismo mes para llevarse con ella a sus hijos, pero otra vez le denegaron el permiso para llevárselos. Finalmente, el 26 de abril del mismo año los dejaron salir y los niños volaron solos a México para reunirse con sus padres.

Estar separados de sus hijos por tres años ha sido una “horrible” experiencia para esta pareja. “Esto cambió mi vida para siempre”, dijo Márquez a Human Rights Watch. “Ellos (el gobierno) robaron un pedazo de mi vida.”


Traducido por mí del reporte de HRW.

El caso de María Elena Morejón

María Elena Morejón dejó un mensaje hace unos días en uno de los post de este blog en el que se refería a cómo el gobierno cubano la ha hecho sufrir separándola de su familia.

Seguí su sugerencia y me puse a buscar en Internet sobre su caso. Entre las cosas que encontré está
este reporte de Human Rights Watch que he traducido al español.

En los días que siguen, iré traduciendo y posteando los demás casos.


A la científica María Elena Morejón le tomó 2 años lograr la salida de su hijo de Cuba después de que su esposo, Israel Perú Castro, se quedara en Austria en 2000. Su caso, en el que ella y su hijo estuvieron separados por las acciones de su esposo, ilustra la naturaleza de los castigos que impone Cuba a sus ciudadanos a través de las restricciones en los viajes.

Morejón viajó con su esposo y su pequeño hijo a finales de los 90 a Austria, dónde la pareja representaba a Cuba en la Agencia de Energía Atómica. Cuando su esposo decidió desertar, al final del periodo autorizado para el viaje, ella lo abandonó y regresó a Cuba con el niño. Ya en Cuba, se casó con un alemán y en 2001, obtuvo visas para viajar a Alemania para ella y para su hijo, y así poder encontrarse con su esposo en ese país. Pero el gobierno cubano no le concedió el permiso de salida a su hijo, que en aquel entonces tenía cuatro años, debido a que el padre de este había desertado.

En octubre 2001, Morejón envió una carta a la oficina de inmigración del municipio habanero 10 de Octubre, pidiendo permiso para que dejaran salir a su hijo. Cómo no recibió respuesta, fue en persona a dicha oficina y le presentó al oficial a cargo documentos que demostraban que la salud de su hijo era delicada y que debía permanecer al lado de su madre. El oficial le aseguró que su caso sería tratado como “excepcional” y que sus papeles serían procesados en menos de tres meses.

En diciembre, Morejón viajó a Alemania sin su hijo, después de que un conocido que trabajaba en el MININT le dijera que era más fácil que dejaran salir a su hijo si ella abandonaba el país. Todavía en abril 2002 ella no había recibido noticias sobre el permiso para viajar del niño, por lo que envió a un familiar a hablar con un oficial de inmigración, que le dijo que el permiso de salida de su hijo sería concedido pronto. Este mismo familiar también visitó la oficina nacional de inmigración y allí recibió la misma respuesta.

Convencida de que su hijo pronto podría salir, ella volvió a Cuba para regresar con él a casa. En ese mismo tiempo se enteró de que su hijo era castigado a no salir de la isla debido a la deserción de su padre. El 25 de abril Morejón se reunió con un oficial de inmigración de la oficina nacional y este le dijo que la ley era que cualquiera que tuviese familiares desertores tenía que permanecer cinco años si poder salir del país. “La Revolución tiene que defenderse”, fueron las palabras del oficial, “si hay desertores en la familia, sus miembros son retenidos en Cuba al menos cinco años”. Al mismo tiempo, él le aseguró que su caso sería reexaminado y que podría tener resultados positivos en dos meses. Sin embargo, ella necesitaba enviar cierta información adicional y así lo hizo el 30 de abril.

En junio, Morejón regresó a Cuba para hacer presión sobre su nuevo pedido, pero le dijeron que su caso había sido transferido al MININT. En una reunión el 21 de junio, un oficial de este ministerio le dijo que regresara a Alemania y que en agosto seguramente tendría una respuesta favorable. Después de eso, ella continuó haciendo llamadas a diferentes organizaciones gubernamentales desde Alemania para averiguar sobre su caso. El 23 de noviembre, la oficina de inmigración de 10 de Octubre citó a los padres de Morejón a una reunión en la que les aseguraron que lo único que faltaba para resolver el caso era una Carta de Invitación. Con la carta en mano, sus familiares comenzaron a hacer visitas semanales a las oficinas de inmigración, dónde siempre les decían que este caso tenía que ser aprobado a niveles superiores.

Aún pasaron meses sin que recibieran la aprobación. El 18 de febrero de 2003, Morejón habló por teléfono con el oficial de inmigración nacional que previamente le había explicado la ley del gobierno sobre familiares de desertores. Su reacción fue aún más severa que antes. Le dijo que “su única elección” era regresar a Cuba y esperar con su hijo hasta que el gobierno determinara que sus regulaciones habían sido cumplidas. “Trataremos de que sean menos de cinco años” le dijo, “pero no me llames más porque no tengo más tiempo para tu caso”.

El 1ro. de marzo de 2003, Morejón le escribió al Embajador de Cuba en Alemania, advirtiéndole que haría público su caso si a su hijo no lo dejaban salir de inmediato. Como no recibió respuesta, ella comenzó una campaña internacional sobre su caso. Contactó al Miami Herald, que publicó su historia; así como oficinas de embajadas de otros países en Alemania; viajó al Vaticano para pedir por su caso; también a Ginebra, para contarles sobre su situación a abogados de derechos humanos y a otros asistentes a la reunión anual de la comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

El 26 de junio de 2003, sus padres la llamaron para decirle que finalmente, el permiso de salida de su hijo había sido aprobado el día 16 y que pronto podrían estar juntos en Alemania.

Los esfuerzos para tener a su hijo a su lado, causaron enormes pérdidas a Morejón y toda su familia, no sólo sentimentales, sino también de tiempo y dinero. Su familia pasó por dos años de miedo en los que el gobierno cubano “trató de sentenciar a mi hijo a ser un huérfano aunque sus padres vivieran”, según las palabras de María Elena Morejón.